31 edición Premios Goya (reportaje)

El año del thriller español

Decía Dani Rovira el pasado año, tras el aluvión de críticas en las redes sociales, que no le había merecido la pena presentar la gala de los Goya. Visto lo acaecido el pasado 4 de febrero, quizá el cómico tenía entonces razón.

Por quinta vez consecutiva, el Hotel Madrid Marriott Auditorium se convirtió en el escenario principal de la ceremonia de entrega de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. En una decisión valiente, justo es reconocerlo, Rovira entonó el “no hay dos sin tres”. Lastrado por un guion torpe, el malagueño fue, como sus minutos en pantalla, de más a menos. Ingenioso en su arenga inicial, esperpéntico en el segmento junto a Yvonne Blake y en su reivindicación en tacones, forzado en su colegueo con los invitados y, en líneas generales, más gracioso cuando aparentaba improvisar que cuando parecía proseguir el orden establecido. Cumplió su cometido, que no es poco, pero no se le echó de menos en sus largas ausencias, dando la sensación de ser una pieza totalmente prescindible del espectáculo.

La velada adoleció de falta de ritmo (no es entendible que el número musical de Adrián Lastra y Manuela Vellés -de eminentes voces pero inexistente química escénica- tuviera lugar cuando tan solo quedaban dos premios por entregar), y acusó fallos notorios de realización, como la determinación de no otorgar el absoluto protagonismo a los homenajeados durante el emotivo In memorian. Precedido, por cierto, por un desafortunado gag (el comentado morreo entre Rovira y su amigo Karra Elejalde). No era el momento, desde luego. A su lado, el hecho de mostrar una fotografía infantil del Bayona equivocado, quedó en una mera anécdota. El guion parece ser la eterna asignatura pendiente de la Academia. Parece mentira que, con los grandes guionistas existentes en nuestro país (baste con tomar como muestra los galardonados en esta edición), el humor y el timing sean manejados con tal desacierto.

“Me hace más gracia Carlos Latre haciendo de Rovira que Dani Rovira” le llegó a espetar Antonio de la Torre al presentador

Más atinada fue la incorporación de la Film symphony orchestra como amenizadora del evento. Ocuparon gran parte del escenario, es cierto, pero insuflaron vida a una ceremonia cargante por momentos. La presentación del premio a la mejor banda sonora, acordes mediante, sonó espectacular. Ahora, el uso de los músicos como herramienta para, nuevamente, cercenar los discursos de los agraciados, fue una auténtica vileza. Es comprensible querer atenerse a unos tiempos marcados, pero hay formas y formas. La del pasado sábado, no fue la más correcta. Además, si se deseaba concisión en el discurso, la Academia debió ser la primera en dar ejemplo.

Precisamente, la enunciación de Mariano Barroso e Yvonne Blake -en un español evidentemente limitado- se alargó en demasía. Necesaria, eso sí, para dejar constancia de que el cine no es un “sector que vive del Estado”, sino que “genera riqueza” para el país. Peor fue, sin duda alguna, la interminable perorata de la homenajeada con el Goya de honor de este año, la cantante y actriz Ana Belén (antecedida a su vez por un amago de humor entre Fernando Colomo, José Luis García Sánchez y Manuel Gómez Pereira y por un dilatado vídeo con los mejores momentos cinematográficos de la intérprete). Diez minutos de reloj en los que la artista repasó (muy) detenidamente su extensa carrera mientras los usuarios inundaban Twitter de memes. Su alegato final, no obstante, fue magnífico: “Salud y trabajo para esta profesión que no se merece tanto desprecio de sus gobernantes”.

“He sido muy feliz en mi trabajo y espero seguir siéndolo”, declaró la artista durante su extenso discurso

En cuanto a los premiados, éxito y gloria para el debutante Raúl Arévalo. En el año del thriller español, su Tarde para la ira se impuso en la categoría reina, la de mejor película, pero también en la de director novel, guión original y actor de reparto. El fenómeno lacrimógeno de Un monstruo viene a verme arrasó en los apartados técnicos como ya lo hiciera anteriormente en taquilla, mientras un emocionado Juan Antonio Bayona reivindicó de manera categórica la cultura al recoger el que es ya su tercer Goya. Emma Suárez hizo doblete como mejor interprete femenina, igualando la gesta de Verónica Forqué en la edición de 1988. Roberto Álamo, por su parte, se alzó con el galardón a mejor actor por su excelso papel en Que Dios nos perdone, cinta que sin duda mereció mucho más.

Menos politizada que en anteriores ediciones (aunque la espontánea canción protesta de Silvia Cruz bien mereció la sonora ovación del respetable), la ceremonia de 2017 quedará como un envoltorio poco inspirado de una más que notable añada, la de 2016, repleta de buen cine español. La organización haría bien en tomar nota del ritmo desequilibrado, el desgaste del showman Rovira tras tres largos años, la realización francamente mejorable y las cuestionables decisiones a la hora de nominar (las categorías de actor y actriz revelación son incompresibles a todas luces). Mucho que remendar para que nuestra industria cinematográfica pueda lucir sus mejores galas en su fiesta de 2018. Mientras tanto, hagamos películas.

Todos los galardonados de la edición de 2017

 Palmarés 31 edición Premios Goya

Mejor película: Tarde para la ira

Mejor director: Juan Antonio Bayona (Un monstruo viene a verme)

Mejor actor principal: Roberto Álamo (Que Dios nos perdone)

Mejor actriz principal: Emma Suárez (Julieta)

Mejor actor de reparto: Manolo Solo (Tarde para la ira)

Mejor actriz de reparto: Emma Suárez (La próxima piel)

Mejor director novel: Raúl Arévalo (Tarde para la ira)

Mejor actor revelación: Carlos Santos (El hombre de las mil caras)

Mejor actriz revelación: Anna Castillo (El olivo)

Mejor guión original: Raúl Arévalo, David Pulido (Tarde para la ira)

Mejor guión adaptado: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos (El hombre de las mil caras)

Mejor música original: Un monstruo viene a verme

Mejor canción: Cerca de tu casa

Mejor fotografía: Un monstruo viene a verme

Mejor dirección de producción: Un monstruo viene a verme

Mejor dirección artística: Un monstruo viene a verme

Mejor diseño de vestuario: 1898. Los últimos de Filipinas

Mejor maquillaje y peluquería: Un monstruo viene a verme

Mejor montaje: Un monstruo viene a verme

Mejor sonido: Un monstruo viene a verme

Mejores efectos especiales: Un monstruo viene a verme

Mejor película hispanoamericana: El ciudadano ilustre

Mejor película europea: Elle

Mejor documental: Frágil equilibrio

Mejor película de animación: Psiconautas, los niños olvidados

Mejor cortometraje de animación: Decorado

Mejor cortometraje de ficción: Timecode

Mejor cortometraje documental: Cabezas habladoras

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